Un mexicano en Venezuela

Me tomé unos días para mi, algo que no hacía desde hace varios años.. Decidí viajar a Venezuela y sin avisar a nadie recorrer en coche, bus y hasta moto taxi, sus caminos mientras conocí a su gente, así, sin destino fijo.. Le entregué mi agenda al amor, esperando encontrarlo a cada paso. ¡Aquí la historia!…

Muchas son las historias, pude palpar la realidad en primera persona, comí arepas, cachapas y tostones, me senté a comer cotufas en la plaza de Bolívar mientras me explicaban la impresionante historia de Bolivar, Así continué mi viaje y comí tajadas, plato criollo, perico, un mango que yo mismo bajé de un árbol a pedradas y hasta compota de manzana, hice 2 horas “de cola” para comprar un cepillo dental y tuve que pedir permiso para estacionar el coche mientras tragaba gas lacrimógeno en una manifestación .. No juzgo posiciones políticas, simplemente describo lo ocurrido a mi paso por el país… ¡Nadie me cuenta!, ¡Yo lo viví!

Fui testigo de muchas cosas hermosas, vi el amor de los venezolanos en primera persona, sentí en carne propia el trabajo de un día en una finca donde cocinaron arepas y tostones de cambur mientras me explicaban las diversas variedades de lo que yo conocía como plátano, pero más que comida, pude degustar las sonrisas de hermosos seres humanos que me abrieron las puertas de su casa y de su corazón incluso siendo yo un desconocido… ¡Puro amor!.. Me hicieron sentir Venezolano… Aunque creo que siempre lo he sido.Comprobé el porque este hermoso país es la cuna de tantas Miss Universo, la belleza de sus mujeres se ve a cada paso, tuve el honor de que una hermosa venezolana me regalase una gorra tricolor misma que porté con respeto y después me sorprendí vistiendo también con orgullo la playera vino tinto, me sentí venezolano por un momento, y a la vez creo que lo he sido toda la vida.Vi guacamayas volar por el centro de Caracas y pericos llegando a la plaza de Barinas, conocí nombres de animales nuevos, al menos nuevos para mi y vi paisajes tan diversos como El Ávila y el llano que con su inmensidad impactan la vida de cualquiera, fui testigo de como atropellaron a un perrito y en respuesta vi como los venezolanos se abalanzaron para atenderle y buscarle un mejor futuro, vi caballos, iguanas y hasta un mono en motocicleta (no estoy bromeando), y por supuesto hermosos seres humanos que siempre me trataron con cariño y respeto.

Encontré amigos desde el aeropuerto, donde escuché mi nombre varias veces, me sorprendí gratamente al encontrar a amigos que apoyan a su país desde lejos y permanecen vigentes en los medios aún en la distancia.

Fue una pequeña y sutil abejita que con sus picaduras de amor transformaría mi viaje para siempre, es increíble como los pequeños detalles, las más exquisitas y delicadas creaciones de este mundo terrenal nos pueden causar un impacto tan profundo en nuestros corazones.. Al principio me dio miedo su picadura pero luego me daría cuenta que todo tiene un “para qué..”

Tal vez suene extraño, pero de alguna forma al picarme, y con la cadena de sucesos desatados a raíz de ello, me hizo sentir venezolano por un momento.. Aunque creo que siempre lo he sido.

Socialmente el pueblo sufre, eso no es novedad para ninguno, pero el pueblo venezolano, sin importar ideologías, siempre me trató con respeto, e incluso cuando recibí la brisa con gas lacrimógeno mientras ingresaba al hotel en que me hospedaba, hubo quien se acerco a mi para ayudarme.. Me cuidaron y me brindaron su apoyo para que ingresara de manera segura a mi recinto… No me pregunten por colores… ¿Amarillo, azul o rojo?… Para mi todos son venezolanos respetables y sólo veo el color de la vino tinto, que por cierto es el color del corazón… Ese color que combina los tonos de su bandera y que al portarla me hizo sentir Venezolano… Aunque creo que de alguna forma… Siempre lo he sido.

Partí con ganas de no partir y me llevo un pedacito de este hermoso país conmigo. ¿Volveré?… Por supuesto que lo haré… Incluso siento que no he partido.. Pues me siento venezolano, de hecho.. Creo que siempre lo he sido.. ¡Gracias por tanto Venezuela!

 

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